Recuerda las palabras de Benedetti, hija: “No vayas a creer lo que te cuentan del mundo (ni siquiera esto que estoy contando), ya te dije que el mundo es incontable”. Fue una de las últimas palabras que me dijo mi abuela antes de partir a su gran viaje, ese que la separaría de mí, pero también la perpetuaría para siempre en mi corazón, llevándola conmigo el resto de mi vida.

Fue tras un largo duelo cuando decidí hacer honor a su alegría y a la intensidad con la que vivía su vida, como si cada momento que compartía con nosotros fuera el último instante de sus días. Así que, armándome de valor, di el paso más difícil que se da en un viaje: sentarse frente al ordenador y, reservar hotel y billete de avión. ¡Ya estaba hecho, mi chico y yo nos íbamos a Madrid, y lo mejor es que él aún no lo sabía!

Emocionada, comencé a hacer la maleta y, sin más dilación, allí nos plantamos, en la gran ciudad, aquella de la que mi abuela me había hablado tantas veces y en la que de joven disfrutó como si no hubiera un mañana. Y es que eran infinitas las anécdotas que de aquí contaba ¡Imagina, actriz y bailarina en los años 30! Una mujer con mil vivencias que escogió una de las profesiones más difíciles para aquellos duros tiempos.

Cuando salí del metro, en plena plaza de Callao, no pude evitarlo: dejé la maleta en el suelo y di una vuelva de 360º sobre mí misma mirando al cielo, pues “es así como se mira esta ciudad” siempre me decía mi abuela…”Hay que mirar los tejados y la parte superior de los edificios”. Y entonces fue cuando apareció ante mis ojos esa imagen, la que tantas veces había visto por la tele y las películas ¡¡El neón de Schweppes en el hotel Vincci Capitol!!

Miré a mi pareja que, con una gran sonrisa, me dijo ¿vamos?

Corriendo, cogí la maleta y nos adentramos en el que sería nuestro campamento base del viaje, no tenía pérdida; sin duda, allí era. Y al entrar en la habitación… Wuuuaaauuu “una cama súper cómoda, almohadas de ensueño, una bañera de diseño y una terraza con vistas para un desayuno romántico(@yessjim)

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Agotados por el cansancio, nos lanzamos en plancha sobre esa enorme cama, nos dimos un súper abrazo y reímos a carcajadas pensando en las aventuras que nos esperaban. Hacía mucho tiempo que no le veía tan contento, siempre estaba muy estresado por el trabajo. Entre bromas y risas gritó ¡Es verano!

Y esa sabia voz volvió a mi cabeza: “Verano es cuando la mayor preocupación es no tener preocupaciones” (@josematherry) ¡Qué grande era mi abuela!

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Pegué un salto de la cama y me puse en movimiento ¡estaba exhausta del viaje, pero ya había sido suficiente el descanso! Tenía muchas ganas de cumplir otro de mis sueños “Desayunar mientras contemplaba las vistas de la ciudad antes de disfrutar de sus calles(@Mispapelicos)

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Así que, como dos marqueses, pedimos que nos trajeran el desayuno a la habitación para disfrutarlo con un escenario de fondo privilegiado, la Gran Vía madrileña. El lugar en el que todo es posible, la avenida por donde siempre pasea algún famoso, el ‘Brodway’ español, la arteria de la vanguardia.

¡Qué gozada es “visitar lugares donde nunca has estado y disfrutar de las modas de dicho lugar. Y mejor si hay playa también :)  (@SaraRavasi) Nunca lo pensé, pero en Madrid ¡también hay playa!

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Así que el primer lugar que visitamos fue lo que se conoce como la playa urbana de la capital, Madrid Río. Hacía bastante calor y nos habían dicho que allí podríamos refrescarnos con multitud de chorros de agua que emergen del suelo, un plan perfecto tras el paseo en bici que dimos recorriendo el Manzanares desde Príncipe Pío. ¡Qué vistas más bonitas! ¡El Palacio Real, La Almudena, La Cúpula de San Francisco el Grande!

Tras disfrutar jugando entre los chorros de agua, el calor no tardó en volver a aparecer, así que decidimos refrescarnos de otra manera, con una bebida fresquita. ¿Un mojito? No… “el mojito está muy explotado, un san francisco granizado por ejemplo… Con este calor apetece no?? (@Cocobarcelona)

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En nuestro camino de vuelta, dejamos las bicis en Príncipe Pio y decidimos comer algo por la Gran Vía, las compras también fueron inevitables. Son miles las tiendas que te ofrecen en cada esquina las últimas tendencias. Volvimos al hotel y, en la recepción, una chica muy agradable nos invitó a un evento que se celebraba al atardecer en la terraza del hotel Vincci Vía 66, también situado en la misma calle, un poco más abajo del lugar en el que estábamos. Nos dijo que la terraza era muy bonita y merecía la pena contemplar desde allí la ciudad. ¡Sin dudarlo, aceptamos!

Para prepararnos para la noche, decidimos disfrutar una buena siesta. Al despertar, una estupenda ducha en esa bañera de cine y en marcha otra vez … Pero ahora, “con los labios en Russian Red, a tomar copas en las mejores azoteas de la ciudad cuando se pone el sol” (@Lady_Piz) ¿Puede haber mejor plan? ¡No!

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Antes de acudir al evento, dimos una vuelta por el centro y decidimos “olvidarnos de la rutina disfrutando de una buena ‘pizza con gin tonic’ para cenar(@ElenaCarnazo)

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Eran las nueve y media, caminamos por la Gran Vía alumbrados por los últimos rayos de sol y las luces ya encendidas de los carteles de los musicales y teatros que llenan de vida, diversión y cultura esta calle tan especial. Al entrar al hotel, una increíble escalera de mármol en forma de caracol nos esperaba para subir. Mis ojos se iluminaron y la respiración se me paró por un instante… No podía creer lo que tenía delante. La escalera estaba custodiada por una treintena de inmensas fotografías de actrices de los años 20. “Dicen que la vida no son los buenos ni los malos momentos sino aquellos que te quitan la respiración”. Me contaba siempre mi abuela. Pues bien este fue uno de ellos.

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*Hotel en Madrid Vincci Vía66 4*

Las emociones continuaron al llegar a la espectacular terraza del hotel, nunca antes había estado en un lugar así, la luz, la música pero sobre todo… “aquel olor que recordarás los días de invierno, ese suave momento de brisa y despreocupación(@nito_ad) justo antes de caer el sol.

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*Terraza del hotel en Madrid Vincci Vía66 4*

El cielo comenzó a teñirse de amarillos, rojos, naranjas, violetas ¡jamás había visto tantos colores pasar sobre mi cabeza! Claro… Los famosos cielos de Velázquez. Y entonces fue cuando ocurrió. La música de una “jam sesión acústica lentamente empezó a hacer cantar y bailar a todo el mundo en la terraza” (@nito_ad)

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Todo comenzó a dar vueltas, una multitud de notas musicales en forma de dibujo animado comenzaron a rodearme, plumas de colores empezaron a llover del cielo, confeti, un ballet inmenso bailaba al ritmo de la música…

-¡Marta, Marta…!
-¿Qué pasa…? ¿mamá..?
-Te habías quedado dormida….
-Es verdad…. Mamá ¿has estado alguna vez en Madrid?
(Mi madre sonrió)
-Sí…hace muchos años.
-¿Y cómo es?
-Es una ciudad increíble. Pero, hija, ya sabes lo que decía la abuela: “No vayas a creer lo que te cuentan del mundo (ni siquiera esto que estoy contando) ya te dije que el mundo es incontable”
-Benedetti…. La abuela….

Me levanté lentamente… Me senté en el ordenador y fue entonces cuando lo hice, di el paso más difícil antes de comenzar un gran viaje.

 

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