A medio camino entre el mar Mediterráneo y el desierto del Sáhara, allí encontramos un sitio ideal para establecer nuestro hotel. La isla de Djerba, en Túnez, se abría como un lugar acogedor y exótico desde el que ofrecer a los viajeros todo tipo de alicientes: una puesta de sol mirando al mar, una ruta hasta el desierto, una relajante sesión de spa en un auténtico hammam árabe o la gastronomía típica de una cultura milenaria. Nuestros dos hoteles en Djerba, Vincci Hèlios Beach y Vincci Djerba Resort, nos han permitido ofrecer a nuestros clientes un oasis de relajación y de disfrute de los sentidos.

Túnez, el país africano más pequeño del Magreb, acoge tradicionalmente a unos seis millones de turistas al año. El recorrido casi obligado, si no quieres perderte los contrastes de este hermoso país, empieza en la capital, Túnez, donde los olores, colores y sabores que impregnan su medina te sumergirán en un torbellino de exotismo. De ahí, ruta hacia el desierto si eres de los que disfrutan a bordo de un 4×4 para terminar en un mar de dunas de fina arena. Parada en las ruinas romanas de Dougga; Tamerza, con su cascada, y el palmeral de Tozeur. Y llegada al pueblo de Douz, que te abre de par en par las puertas del desierto. Dejas atrás dunas y piedras para adentrarte en poblaciones como Matmata, con sus ‘casas trogloditas’ excavadas en la montaña, donde se rodaron escenas de La Guerra de las Galaxias.

Tatouine, Sfax y El Djem, con el teatro romano más grande de África. De nuevo en todoterreno en dirección Kairouán, la ciudad más antigua de Túnez y cuarta ciudad santa, tras La Meca, Jerusalém y Fez. De ahí el camino te lleva hacia una de las zonas más turísticas: Hamammet, el Saint Tropez de Túnez. Y, nuevamente desde la capital, dos últimas referencias inolvidables: Cartago, con las ruinas de lo que fue una de las ciudades más poderosas de la Antigüedad, fundada por los fenicios. Y Sidi Bou Said, el coqueto pueblo de calles blancas, salpicadas de puertas, rejas y ventanas azules, que se queda grabado en la retina. Como las preciosas jaulas blancas de pájaros que llenan las fachadas de sus pintorescas casas. O el té con piñones que puedes saborear sentado en una alfombra en ‘El café de las esteras’, en un pueblo idílico donde ver caer el sol al atardecer mirando al mar se convierte en un espectáculo.

Como ves, el encanto de Túnez habla por sí solo, pero la experiencia placentera se completa si recalas en un entorno acogedor, como el que te proporcionan nuestros hoteles con una edificación típicamente tunecina, al borde del mar y rodeados de vegetación, donde reposar todos esos recuerdos, y unos pies fatigados de pasear entre callejuelas que te descubren las distintas culturas que han dejado su huella en esta tierra: romana, bizantina, islámica. Un baño en nuestro hammam árabe, un té a la menta y unos dulces típicos en la terraza mirando al mar o una lectura recostado en una hamaca, que te sumerja, unos minutos más, en esta inolvidable isla de Djerba.

 

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